• El maquillaje mineral, una alternativa natural

    Aunque se utilizan desde la antiguedad, desde hace unos años se han puesto de moda las bases de maquillaje compuestas sólo por minerales y pigmentos puros.

    Casi todas las grandes marcas de cosméticos comercializan bases de maquillaje en cuya composición intervienen sólo minerales y pigmentos puros, de gran valor dermatológico. 
     
    El secreto de estas bases de maquillaje mineral es que,  al no contener ingredientes químicos, no irritan la piel -son aptos hasta para las más sensibles-, le permiten respirar al no ocluir los poros, y además tienen la capacidad natural de filtrar parte de los rayos solares.
     
    El polvo de los minerales y los pigmentos naturales ofrecen un brillo especial a la piel, por lo que realzan la belleza naturalmente: sólo hay que tener en cuenta que si la dermis del rostro es grasa, este exceso de brillo no será estético, por lo que hay que buscar compuestos específicos con fórmulas mate.
     
    Los minerales que suelen utilizarse en estos cosméticos son la mica, el óxido de zinc y el dióxido de titanio, que además de no ser alergénicos, tienen propiedades anti-inflamatorias y evitan la aparición de acné. Algunas marcas incorporan también bismuth oxychloride, un mineral que en realidad se obtiene combinando plomo y cobre, y que puede generar exceso de brillos. En cuanto a los pigmentos, se obtienen de sustancias como el cadmio, óxido de hierro, arcilla o cobalto, que aportan las diferentes tonalidades a estos maquillajes.
     
    Las bases de maquillaje minerales vienen, como es natural, en forma de polvos sueltos, por lo que hay que aplicarlas con una brocha gruesa de cerdas cortas: para conseguir un efecto homogéneo, hay que tener la precaución de sacudir primero el exceso de polvo de la brocha, y luego aplicarlo sin presionar demasiado con movimientos circulares sobre el rostro.
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    Tipos de bases de maquillaje

    Las bases de maquillaje, cuyo objetivo es homogeneizar la piel del rostro y cubrir pequeñas imperfecciones y manchas, puede presentarse en tres formas diferentes: en crema, líquida o en polvo, que actualmente, también se conjugan en productos como la espuma o la base en crema-polvo.

    Para elegir la base adecuada a nuestra piel, primero es necesario saber si ésta es grasa, seca o mixta, ya que en función de su capacidad lipídica deberemos elegir productos libres de aceites o no.
     
    Las bases de maquillaje en crema son perfectas para las pieles secas, ya que aportan elementos humectantes y lípidos que evitan la sensación de tirantez en el rostro. Su cobertura, además, es excelente, por lo que ayudan a corregir imperfecciones de manera más eficaz. Deben aplicarse con esponja o pincel, para difuminar correctamente los pigmentos.
     
    Las espumas de maquillaje son más fáciles de aplicar, ya que se extienden con mayor facilidad con los dedos evitando acumulaciones: también suelen ser más ligeras en cuanto a composición, y son recomendables para pieles mixtas.
     
    Las bases en polvo son la elección adecuada para las pieles grasas o mixtas, aunque tienen menos poder cubriente: son ideales para mujeres que sólo quieren arreglarse un poco a diario, aunque también sirven para aplicar como polvos sueltos encima del maquillaje en crema y así retocarlo a lo largo del día. Se pueden aplicar con brocha o borla, tanto si son de formato polvo suelto como compacto.
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    La base de maquillaje, el fondo de la cuestión

    Maquillarse es un acto que han practicado los humanos desde el principio de los tiempos. Si en la antigüedad se trataba de un rito, en la actualidad, es una cuestión de estética básica para muchas mujeres.

    La base de maquillaje sirve para disimular las imperfecciones de la piel, además de ofrecer, como su nombre indica, una base homogénea para aplicar otro tipo de productos cosméticos como coloretes, sombras de ojos, etc. y fijarlos adecuadamente a la piel.

    La base de maquillaje, así, no sólo aporta color a la piel, sino que aporta un efecto cubriente de pequeñas manchas e imperfecciones, como granitos, cicatrices u ojeras. También incorporan, en muchos casos, elementos de tratamiento antiarrugas, nutritivos, etc.
     
    A la hora de elegir una base de maquillaje, es fundamental saber qué tipo de piel tenemos, en función de lo cual encontraremos productos en crema, fluido, polvos compactos o sueltos.
    Las pieles secas precisan fórmulas en crema, con agentes hidratantes y que aporten los lípidos necesarios, mientras las pieles mixtas o grasas necesitan emulsiones más fluidas o polvos, libres de aceites, que eliminen los brillos. Por supuesto, si nuestra piel es sensible o intolerante con perfumes y conservantes, deberemos buscar bases de maquillaje inocuas, con pigmentos no alergénicos a base de óxido de hierro.
     
    En cuanto al color, lo aconsejable es elegir un tono lo más acorde posible con el de nuestra piel, de manera que la base de maquillaje no se convierta en una máscara artificial, en contraste con la piel del cuello y el escote. La mejor forma de comprobar si una base es adecuada es probarla en el escote: cuanto más parecido sea el color, menos efecto máscara provocará.
     
    Así, las pieles claras prefieren los tonos rosados, melocotón, mientras las más bronceadas o aceitunadas se ven mejor con colores Siena, ladrillo, tostado… Por supuesto, en invierno, cuando la piel no está bronceada, debemos usar una base de maquillaje de tono diferente que en verano.
     
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